Hoy en día, tras un divorcio, la custodia compartida es una realidad. Los niños comparten con ambos progenitores el tiempo establecido y esto puede afectarlos positiva o negativamente.
Cuando un niño o niña es alejado de su madre o su padre, va a sufrir, y su desarrollo psíquico y evolutivo se puede ver afectado. Por esta razón, debe siempre prevalecer el interés del menor cuando sus padres no conviven.
La custodia compartida permite evitar la separación total o parcial de alguno de los padres. Pero esta medida no es la adecuada en muchos casos, por motivos de trabajo de alguno de los progenitores, por actitudes que puedan poner en riesgo la integridad física o moral del menor y que afecten a su desarrollo psíquico, como violencia o trato degradante, así como irresponsabilidad ante los deberes paternos o maternos para con el niño,etc. Aunque sí hay muchos casos en los que la custodia compartida puede ser una opción positiva; esto va a depender de las circunstancias y del menor. Que el pequeño conviva con ambos, aunque sea por semanas, puede hacer que se minimicen los conflictos entre los padres y se dé la necesidad de que se tengan que poner de acuerdo para tomar decisiones respecto al bienestar del niño. Posibilita que los niños tengan un contacto continuo con ambos padres por igual. Así, se logra que el pequeño tenga la figura materna y paterna por igual, aunque esté durante semanas con uno o con otro. Los menores, de esta manera, sienten la separación como algo menos traumático y pueden normalizar su vida y su rutina lo antes posible.
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